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martes, 9 de marzo de 2010

Adaptaciones de Hamlet

3. La adaptación. El repertorio temático: sobre la economía del préstamo.

En esta entrada veremos los problemas narrativos y de forma a que se enfrentan los casos de adaptación literaria al cine. Tomaremos como ejemplo principal el soliloquio de Hamlet, pero primero, hemos de reflexionar en torno a los géneros literarios y su potencial visual.

¿Qué géneros literarios resultan más fáciles para la adaptación cinematográfica?

El teatro supone la presencia de diálogos y acciones. La novela, por su parte, describe y narra.

El cine y la novela tienen en común la descripción de desplazamientos y movimiento.

Mientras, el teatro se describe por una unidad de tiempo y espacio. La continuidad lógica en el teatro es “más realista”. Está pensado para que gente represente a gente. El teatro no exige el traslado ya que solamente se representan las acciones descritas dentro de esta misma unidad de tiempo y espacio.

Los orígenes del cine se encuentran precisamente en este teatro filmado. Las causas de este desarrollo inicial eran meramente prácticas. El tamaño del equipo de filmación era tremendo. Ahora, curiosamente, muchas series de televisión han vuelto a adoptar este modelo limitado en espacio.

Sabemos, ahora ya de sobra, que cada arte tiene sus capacidades y límites. Las formas de interpretación de una misma historia pueden variar enormemente según los diferentes criterios de representación.

Hamlet

Un ejemplo de estos procesos imitativos y creativos es Hamlet. Cada adaptación que se ha hecho de esta obra literaria es una afirmación sobre un modelo diferente, incluso dentro de la misma industria del cine. El soliloquio de “Be or not to be” pronunciado por Hamlet es uno de esos referentes canónicos a partir de los cuales se determinan una serie de variantes.

Laurence Olivier (1948)

Esta primera adaptación representa ya una desiviación del Hamlet clásico. Durante el soliloquio protagonista se encuentra al lado de un risco de mar y el soliloquio es a la vez pronunciado en voz alta y en voz en off. El actor se encuentra encarado al abismo y es captado por la cámara desde un plano exterior. Luego otro plano adopta su punto de vista subjetivo. Estos ejercicios visuales son signos puramente cinematográficos, muy diferentes a aquellos teatrales.

Se representa un Hamlet narcisista, melancólico. La debilidad e indecisión del protagonista es traducido por el director a melancolía.

Grigori Kozintsev (1964)

Este Hamlet -filmado en blanco y negro y con música de Shostakovich- se planteó un desafío similar al de la versión de Zeffirelli años después: contar la tragedia en forma activa, privilegiando la acción y cortando varios monólogos y disgresiones. Por razones evidentes, el monólogo del ser o no ser no fue cortado y en este podemos ver que es, tal vez, la adaptación más radical. Mediante la hechura de esta película tenemos acceso a las reflexiones teóricas que ocupaban a las vanguardias rusas. En esta visión, el registro semiótico del teatro no es válido. En el cine la interpretación de la expresión de un autor no es por la expresión en sí, sino por el montaje; la contraposición de imágenes.

En esta adaptación observamos un aprovechamiento de recursos propiamente cinematográficos. En la primera versión se le da mucho peso a Shakespeare. Luego la versión rusa aprovecha lo que Olivier ya había mostrado más o menos: demostrar que, en cine, no es necesario que al actor abra la boca para interpretar la escena del ser o no ser.

Zeffirelli (1990)

En esta adaptación, Hamlet es personificado por Mel Gibson. Ya el casting representa el primer ejercicio de significación. Se elije a una persona porque tiene una u otra capacidad expresiva. En esta representación observamos fuerza, incluso un énfasis violento donde no hay mucho cuidado por la dicción. A comparación de la primera adaptación de Olivier, este soliloquio es situado en una catacumba, lugar diametralmente opuesto al alto risco abierto al aire. El director ha elegido subrayar la reflexión sobre la muerte colocando al personaje en una cripta, en un cementerio. Mediante esta decisión, se le presenta al espectador la opción de leer el soliloquio desde la visión sobre la muerte. Aunque también se ofrece la posibilidad hermenéutica de la dualidad reflexión-acción, en una cesura más marcadamente existencial.

Kenneth Branagh (1996)

Antes que nada una curiosidad, dicen las malas lenguas de wikipedia que fue cuando Branagh tenía 15 años, al ver a Derek Jacobi en el papel de Hamlet , cuando decidió ser actor. Así no sorprende que después haya decidido dirigir Hamlet y al mismo tiempo protagonizarlo.

El personaje se encuentra en esta adaptación en una sala llena de espejos, acentuando así la sensación de que alguien le puede estar escuchando. Hay en la escena una sugestión de locura. Más que una reflexión, como en los otros casos, nos encontramos frente a una persona que habla solo, reconocido signo de desequilibro mental.

La situación está también construida para subrayar que el soliloquio escrito por Shakespeare siempre es escuchado por alguien. Estos testigos actúan o cumplen la función de un alter ego. Existe también un juego con el espectador en el cual el espejo es a su vez una pantalla. Él mira al espejo, a si mismo y tal vez, el espectador al mirar la pantalla, puede estar también mirando a un espejo. Encontramos entonces marcado el componente narcisista; el personaje habla consigo mismo, cuando en realidad, sabe que habla con alguien más.

El hecho de que en pantalla no veamos al actor, sino el reflejo de este en el espejo, devela un guiño a la metaficción. El reflejo es aquello materialmente ficticio, no es un ente real. Este signo se ha interpretado como una reflexión sobre el teatro en el cine; el teatro sigue consistiendo en un acto presencial, más cercano (o humano), mientras el cine depende de una pantalla. En este sentido, el cine parece poco expresivo, sin manierismo ni dramatismos.

Branagh representa a un Hamlet estático –poco teatral- y nada dubitativo. En esta adaptación se erradica todo elemento de duda o incertidumbre. Tal vez, se nos quiere dar a entender que la interpretación exagerada es propia de un artificio de teatro. Las películas, tal vez, pretenden sólo mostrar un entorno más real, más ordinario.

El elemento teatral en el cine, es entonces cuestionado, el pacto ficcional cambiado. Ambas representaciones son completamente distintas, y cada autor más o menos, con su actuación, se posiciona. Ya tenemos, en este punto, una conciencia de los modelos precedentes, que ya conforman a su vez, una tradición de Shakespeare en el cine.

*

Así pues, cada proceso de adaptación es un proceso de interpretación, lo cual nos lleva al siguiente interrogante. ¿En qué sentido y hasta qué punto ha de buscarse una fidelidad a la obra adaptada?, ¿ha de adaptarse el espíritu de la obra o sus detalles?, ¿la fidelidad ha de ser parcial o en el sentido total de la obra?

To be or not to be

En la próxima entrada, comentaremos las diferentes adaptaciones cinematográficas de el gran soliloquio de Hamlet de William Shakespeare. Después de la caricatura encontrarán el texto original seguido de una traducción al español.

William Shakespeare

To be, or not to be (from Hamlet 3/1)

To be, or not to be: that is the question:

Whether 'tis nobler in the mind to suffer

The slings and arrows of outrageous fortune,

Or to take arms against a sea of troubles,

And by opposing end them? To die: to sleep;

No more; and by a sleep to say we end

The heart-ache and the thousand natural shocks

That flesh is heir to, 'tis a consummation

Devoutly to be wish'd. To die, to sleep;

To sleep: perchance to dream: ay, there's the rub;

For in that sleep of death what dreams may come

When we have shuffled off this mortal coil,

Must give us pause: there's the respect

That makes calamity of so long life;

For who would bear the whips and scorns of time,

The oppressor's wrong, the proud man's contumely,

The pangs of despised love, the law's delay,

The insolence of office and the spurns

That patient merit of the unworthy takes,

When he himself might his quietus make

With a bare bodkin? who would fardels bear,

To grunt and sweat under a weary life,

But that the dread of something after death,

The undiscover'd country from whose bourn

No traveller returns, puzzles the will

And makes us rather bear those ills we have

Than fly to others that we know not of?

Thus conscience does make cowards of us all;

And thus the native hue of resolution

Is sicklied o'er with the pale cast of thought,

And enterprises of great pith and moment

With this regard their currents turn awry,

And lose the name of action. - Soft you now!

The fair Ophelia! Nymph, in thy orisons

Be all my sins remember'd.

___ Traducción de Rafael Pombo

¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe

más dignamente optar el alma noble

entre sufrir de la fortuna impía

el porfiador rigor, o rebelarse

contra un mar de desdichas, y afrontándolo

desaparecer con ellas?

-

Morir, dormir, no despertar más nunca,

poder decir todo acabó; en un sueño

sepultar para siempre los dolores

del corazon, los mil y mil quebrantos

que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara

concluir así!

-

¡Morir... quedar dormidos...

Dormir... tal vez soñar. -¡Ay! allí hay algo

que detiene al mejor. Cuando al mundo

no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños

vendrán en ese sueño de la muerte!

-

Eso es, eso es lo que hace el infortunio

planta de larga vida. ¿Quién querría

sufrir del tiempo el implacable azote,

del fuerte la injusticia, del soberbio

el áspero desdén, las amarguras

del amor despreciado, las demoras

de la ley, del empleado la insolencia,

la hostilidad que los mezquinos juran

al mérito pacífico, pudiendo

de tanto mal librarse él mismo, alzando

una punta de acero? ¿quién querría

seguir cargando en la cansada vida

su fardo abrumador?...

-

Pero hay espanto

¡allá del otro lado de la tumba!

La muerte, aquel país que todavía

está por descubrirse,

país de cuya lóbrega frontera

ningún viajero regresó, perturba

la voluntad, y a todos nos decide

a soportar los males que sabemos

más bien que ir a buscar lo que ignoramos.

-

Así, ¡oh conciencia!, y la ardiente

resolución original decae

al pálido mirar del pensamiento.

Así también enérgicas empresas,

de trascendencia inmensa, a esa mirada

torcieron rumbo, y sin acción murieron.