martes, 9 de marzo de 2010
De cortos poéticos
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To be or not to be
To be, or not to be (from Hamlet 3/1)
To be, or not to be: that is the question:
Whether 'tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles,
And by opposing end them? To die: to sleep;
No more; and by a sleep to say we end
The heart-ache and the thousand natural shocks
That flesh is heir to, 'tis a consummation
Devoutly to be wish'd. To die, to sleep;
To sleep: perchance to dream: ay, there's the rub;
For in that sleep of death what dreams may come
When we have shuffled off this mortal coil,
Must give us pause: there's the respect
That makes calamity of so long life;
For who would bear the whips and scorns of time,
The oppressor's wrong, the proud man's contumely,
The pangs of despised love, the law's delay,
The insolence of office and the spurns
That patient merit of the unworthy takes,
When he himself might his quietus make
With a bare bodkin? who would fardels bear,
To grunt and sweat under a weary life,
But that the dread of something after death,
The undiscover'd country from whose bourn
No traveller returns, puzzles the will
And makes us rather bear those ills we have
Than fly to others that we know not of?
Thus conscience does make cowards of us all;
And thus the native hue of resolution
Is sicklied o'er with the pale cast of thought,
And enterprises of great pith and moment
With this regard their currents turn awry,
And lose the name of action. - Soft you now!
The fair Ophelia! Nymph, in thy orisons
Be all my sins remember'd.
___ Traducción de Rafael Pombo
¡Ser, o no ser, es la cuestión! -¿Qué debe
más dignamente optar el alma noble
entre sufrir de la fortuna impía
el porfiador rigor, o rebelarse
contra un mar de desdichas, y afrontándolo
desaparecer con ellas?
-
Morir, dormir, no despertar más nunca,
poder decir todo acabó; en un sueño
sepultar para siempre los dolores
del corazon, los mil y mil quebrantos
que heredó nuestra carne, ¡quién no ansiara
concluir así!
-
¡Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar. -¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando al mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!
-
Eso es, eso es lo que hace el infortunio
planta de larga vida. ¿Quién querría
sufrir del tiempo el implacable azote,
del fuerte la injusticia, del soberbio
el áspero desdén, las amarguras
del amor despreciado, las demoras
de la ley, del empleado la insolencia,
la hostilidad que los mezquinos juran
al mérito pacífico, pudiendo
de tanto mal librarse él mismo, alzando
una punta de acero? ¿quién querría
seguir cargando en la cansada vida
su fardo abrumador?...
-
Pero hay espanto
¡allá del otro lado de la tumba!
La muerte, aquel país que todavía
está por descubrirse,
país de cuya lóbrega frontera
ningún viajero regresó, perturba
la voluntad, y a todos nos decide
a soportar los males que sabemos
más bien que ir a buscar lo que ignoramos.
-
Así, ¡oh conciencia!, y la ardiente
resolución original decae
al pálido mirar del pensamiento.
Así también enérgicas empresas,
de trascendencia inmensa, a esa mirada
torcieron rumbo, y sin acción murieron.
martes, 23 de febrero de 2010
Elisa, vida mía (Saura y Garcilaso)

¿Dó están agora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi alma, doquier que ellos se volvían?
¿Dó está la blanca mano delicada,
5 llena de vencimientos y despojos
que de mí mis sentidos le ofrecían?
Los cabellos que veían
con gran desprecio al oro
como a menor tesoro
10 ¿adónde están, adónde el blanco pecho?
¿Dó la columna que el dorado techo
con proporción graciosa sostenía?
Aquesto todo agora ya se encierra,
por desventura mía,
15 en la oscura, desierta y dura tierra.
¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver, con largo apartamiento,
20 venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
El cielo en mis dolores
cargó la mano tanto
que a sempiterno llanto
25 y a triste soledad me ha condenado
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
solo, desamparado,
ciego, sin lumbre en cárcel tenebrosa.
(Fragmentos del lamento de Nemoroso. Égloga I, Garcilaso)
El título de la película de Carlos Saura "Elisa, vida mía" es, como podemos observar, un verso del poeta español Garcilaso de la Vega (1501-1536). Es este un ejemplo de cita textual; un poema recitado como tal en una película.
En el primer contacto con la obra cinematográfica y sin la referencia inmediata, el sentido de este fragmento ha de interpretarse sólo dentro del discurso de la película. La primera interpretación es entonces una que se limita al poema recitado y al contexto. La referencia al "amargo fin de mis amores" es totalmente pertinente a la escena.
En fin, la cuestión es que la interpretación de las citas encontradas tiene un doble registro.
1. Una interpretación por y para la película.
2. Las referencias propias del texto literario por sus propias connotaciones.
Esto nos remite, una vez más, a tomar en cuentra las connotaciones propias de cada código.
1. El código estrictamente verbal: significante-significado.
2. El código propiamente literario.
Por lo tanto; la interpretación de la cita en la película no está lejos de la poética de la obra literaria. Pero el conjunto de elementos hermenéuticos difícilmente se develan sólo con oírlos en la película. El creador de la obra cinematográfica está pidiendo al espectador que activen sus propias fuentes de información literaria. Por lo cual, existe una identificación del espectador cinematográfico y el lector de literatura. Está pidiendo una conexión interextual.
La película evoca conocimientos literarios.
